Tras el cierre de la empresa Pradera Hermanos y el fin de la actividad laboral, las construcciones ligadas a aquel pasado industrial siguieron caminos distintos. El chalet de la familia propietaria desapareció, las viviendas obreras cambiaron de manos y espacios como la capilla o la escuela encontraron nuevos usos.
Mientras tanto, las instalaciones industriales quedaron sumidas en el abandono y la ruina, convirtiéndose en una presencia frágil y olvidada del paisaje.
Pero la pregunta sigue abierta: ¿es posible imaginar para alguna de ellas un futuro distinto al de su desaparición?
