Los cargaderos, imponentes estructuras asomadas al borde de nuestra ría, fueron el motor que impulsó el transporte del mineral y transformó para siempre la fisonomía de nuestro paisaje.
Hoy, aquellos que aún desafían al tiempo resisten frente al deterioro y el olvido como auténticos iconos de la industrialización. Estos hitos monumentales nos invitan a redescubrir su historia y a comprender que su conservación es vital; son el ancla necesaria para revivir nuestro pasado industrial y proyectarlo, con orgullo, en el presente.
