En Galdakao, la vida latía al ritmo de la tierra. En los caseríos, nuestros antepasados hallaban hogar y sustento, cultivando con sus manos lo que el campo ofrecía. De esa unión nacieron mitos y costumbres, mientras la naturaleza, generosa, les regalaba alivio y cuidado.
Hoy volvemos la mirada a esos saberes: plantas medicinales y remedios que guardan la memoria viva de un pueblo.