La vida en el caserío vasco durante el siglo XX evolucionó de una manera significativa. Junto a una progresiva modernización, muchos de ellos conocieron un abandono paulatino y el consiguiente flujo del mundo rural hacia núcleos más urbanos de su entorno.
En el caso de caserío Kategi, parte de su historia ha estado condicionada por su situación estratégica en los límites municipales, constituyéndose durante siglos como cadena o fielato para el cobro de arbitrios.