Autor: José Mª González-Pinto Arrillaga. Decano-Presidente del Colegio Oficial de Arquitectos Vasco- Navarro
El 26 de agosto 1983 es una fecha que quedará marcada en la memoria de Bizkaia como uno de los días más dramáticos de su historia. Bilbao celebraba aquellos días la “Aste Nagusia”
Un episodio de gota fría desencadenó un periodo de intensas lluvias que se manifestaron durante varios días, pero aquel viernes de agosto la lluvia alcanzó una intensidad desconocida hasta entonces, llegando a contabilizarse hasta 503 l/m2. La catástrofe se cobró 43 vidas humanas y 5 desaparecidos además de innumerables daños materiales que se evaluaron en 200.000 millones de las antiguas pesetas. La ciudad quedó temporalmente sin suministro de agua y electricidad y miles de personas perdieron sus viviendas.
La catástrofe afectó a todo el Bilbao Metropolitano así como a otras poblaciones ribereñas del Nervión y del Ibaizabal de las provincias de Bizkaia y Álava.

Llodio
Teniendo en cuenta que la posibilidad de que este tipo de eventos vuelva a ocurrir es cada vez mayor, ¿cómo podemos actuar para hacer frente en nuestras ciudades a estos eventos y proteger a sus habitantes y su patrimonio físico e inmaterial?
Solidaridad, la parte positiva
En 1983, la tragedia que sufrimos también tuvo al menos una cara positiva similar; la solidaridad de la ciudadanía, de las fuerzas del orden, del ejército, de los bomberos, de voluntarios venidos de otras comunidades y, como no podía ser de otra manera, de los profesionales de la arquitectura vizcaína, algo que también ocurrió hace un par de años, en 2024, debido a la DANA (Valencia), se creó un grupo de arquitectos y arquitectas voluntarias que ayudaron en la reconstrucción y recuperación de las zonas afectadas.
La delegación en Bizkaia del Colegio Oficial de Arquitectos Vasco-Navarro (COAVN-EHAEO), presidida en aquel momento por el arquitecto Elías Mas, lanzó una circular el 1 de septiembre solicitando la colaboración de las personas colegiadas para la elaboración de informes, peritaciones y valoraciones de los daños provocados por la tragedia.
En la circular se incidía en que “[…] De todos estos trabajos que se realicen la Delegación no exigirá el pago de honorarios a los afectados, y por lo tanto, en principio, se entiende que los Arquitectos que se ofrezcan para este servicio lo hacen incondicionalmente […]”

Lo primero antes de realizar ninguna actuación, era evaluar de forma rigurosa el estado de miles de inmuebles, identificar riesgos estructurales y proporcionar información técnica fiable que permitiera a las administraciones públicas planificar la reconstrucción y sobre todo determinar las medidas necesarias para garantizar la seguridad de la población afectada. Al colectivo de arquitectos se unió el de los y las aparejadores con los que se estableció una colaboración que permitió sacar adelante los proyectos.
La respuesta de los colegiados, fieles a su responsabilidad social y compromiso profesional, fue masiva y en un primer momento distribuyéndose entre las poblaciones más afectadas: Laudio y Amurrio en Álava y Bilbao, Basauri, Galdakao, Erandio, Bermeo, Arrigorriaga, Etxebarri o Ugao-Miraballes… en Bizkaia
Los profesionales de la arquitectura y el cuidado del patrimonio
En una segunda fase el trabajo de las personas arquitectas voluntarias se centró en la zona más afectada por las inundaciones; el Casco Viejo de Bilbao. El agua había arrasado al menos un millar de establecimientos comerciales y dañado las plantas bajas de unos 600 edificios que en su mayoría estaban edificados con estructura de madera. Para los profesionales de la arquitectura el Casco Viejo es el corazón de la ciudad de Bilbao, donde esta surge, crece y se convierte en la urbe comercial que hoy en día conocemos, por lo que siempre ha tenido un interés especial para el colectivo por su alto valor histórico, urbanístico y arquitectónico.
En esta línea el 19 de septiembre, la Comisión Municipal Permanente del Ayuntamiento de Bilbao aprobó por unanimidad un Protocolo de Instrucciones de Urgencia que regulaba el contenido de los informes y establecía medidas para facilitar los trabajos de reconstrucción. Era un mecanismo que agilizaba y facilitaba la obtención de las licencias para “el adecentamiento, reconstrucción, reforma y consolidación de los locales afectados”, según se recoge en el acta de aquella sesión.



Extracto del listado de equipos recogidos en el expediente administrativo municipal. Archivo de la Delegación en Bizkaia del COAVN
El conjunto del Casco Viejo se dividió en 15 partes en base a un Plan Especial de Rehabilitación Integral y se formaron 15 equipos constituidos por profesionales de la arquitectura con más de treinta años de experiencia (responsable del equipo), un o una arquitecta con más de quince años de experiencia, dos o más jóvenes arquitectos y arquitectas y dos o tres aparejadores y aparejadoras. El colectivo total de voluntarios y voluntarias estuvo compuesto por 55 arquitectos y arquitectas y 35 aparejadores y aparejadoras.
A partir de ahí se revisaron todos los edificios del conjunto monumental analizando las posibles patologías causadas por el agua. Se creó un modelo de informe técnico unificado, que permitía reducir los tiempos y agilizar las reconstrucciones. Algunas de las zonas más afectadas fueron el Arenal, la zona del mercado de la Ribera y la antigua Escuela de Artes y oficios y los alrededores de la Plaza Nueva destacando las calles Askao y Esperanza como más dañadas. También sufrieron importantes daños el Convento de la Encarnación, en Atxuri y la ladera de Mallona, por la parte posterior de Sendeja.

Modelo de informe. Archivo de la Delegación en Bizkaia del COAVN
Satisfacción por el trabajo hecho
Para las personas voluntarias y especialmente para las más jóvenes, resultó una experiencia enormemente enriquecedora desde el punto de vista humano y profesional. Fue un trabajo desinteresado que prestó un importante servicio al vecindario del Casco Viejo y a toda la ciudad de Bilbao. Una vez finalizados los trabajos, el entonces alcalde de Bilbao, José Luis Robles, convocó al personal voluntario en el salón árabe del Ayuntamiento. Fue un sencillo acto en el que agradeció todo el trabajo realizado y obsequió a los miembros del colectivo con una corbata con el escudo de Bilbao.
FOTOGRAFÍA DE LA PORTADA: Bilbao agosto 1983.